Hojas desiertas y colores mutilados
Se envisten contra unos ojos tristes
Que penetran el viento,
Aires que evaden esta puerta
Y qué le importa a la puerta
Si sólo cuida las salidas,
Salidas son estos rincones olvidados.
Vacilante el miedo descubre las paredes
Pintadas entre sonrisas
Hoy ya marchitadas y desposeídas.
Vienen y van las madres del eco
Rezongando pertrechos consejos
Que salen como polvo de sus oscuras bocas.
Caen los algoritmos, las rabias y las sapienzas
Sobre los recuerdos escombrosos
Que empalman mis sombras…
Ven a saludar a esta soledad confusa
Tan inmerecida como mía ahora,
En el mismo segundo en que te pienso.
Ayúdame a estrechar mis sinsentidos
Necesito la paz de un cuerpo sepultado,
Acude al camposanto de sueños que es mi alma
Déjame en la tierra rociada y suelta
Despídete de mí y cierra mis ojos,
Esos dos tristes hombrecillos que te buscaban
Alocados por ti, enamorados.
Me asisto de una realidad inexistente
Dibujándome en gamas de negro absoluto
Vaciando marejadas de colores en tu ausencia
En gritos silenciosos que mi mente llenan.
Ven a alfombrar los pasos que seguimos
Dame la certeza de una respuesta sincera
No me basta la evidencia quieta en la ventana
Con su rostro blanco y de fija mirada.
Admito que no entiendo el canto de esta hora
Después de haber alcanzado las notas más altas
Esa es la angustia que arde en mi pecho
La tristeza indecible que me baña.
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